AFTER EARTH: Will Smith & hijo lo "petan"

After Earth es la película dirigida por M. Night Shyamalan y protagonizada por Will Smith y Jaden Smith (el hijo del anterior).

El film nos sitúa en un futuro lejano en el que el ser humano, tras esquilmar los recursos de la Tierra, se ve obligado a abandonar el planeta y viajar más allá de las estrellas, buscando otros lugares en los que poder vivir. Tras colonizar unos cuantos de ellos, una raza alienígena decide que el ser humano es un intruso peligroso, por lo que mandan unas criaturas monstruosas llamadas ursa, que son ciegas pero capaces de detectar a sus presas gracias a las feromonas, producto del miedo, que segregan sus víctimas.

Y es que los ursas, a parte de feos, con mala leche y cazadores letales, producen un gran pavor en todo aquel que tenga la desgracia de cruzarse en su camino.

¿Pero la raza humana corre peligro de extinción?

¡Para nada!... Un héroe surge de entre la asustada población. Un hombre sin ningún tipo de temor hacia estas horrendas criaturas. El comandante Cypher Raige (Will Smith) descubre que, al no tener miedo, se vuelve invisible para los ursa. A este estado de ánimo lo bautizaron como fantasmación.

Pues bien, esta es la premisa argumental desde la que parte...


Así que por una parte tenemos al comandante Cypher "mu" liado, viajando de planeta en planeta para explicar a los ejércitos humanos cómo combatir a las huestes alienígenas, por lo que apenas le queda tiempo libre para estar con su familia (es lo que tienen los viajes espaciales, se hacen un pelín largos).

Por la otra parte tenemos al adolescente Kitai (Jaden Smith, hijo en la vida real y en la ficción de Will Smith) que intenta agradar a Cypher por una situación del pasado que marcó a la familia por completo... Así que en la última visita de Papá a casa, a Mamá se le ocurre la idea de que ambos "machotes" acerquen posiciones compartiendo un viajecito juntos, por eso de estrechar lazos afectivos.

Pero durante el transcurso de esa travesía espacial, la nave sufre un accidente y debe hacer un aterrizaje de emergencia en (¡oh, sorpresa!) el planeta Tierra, un lugar en el que, mil años después del éxodo de la raza humana, toda la naturaleza ha evolucionado para eliminar al hombre.

Y hasta aquí todo promete bastante: Padre militar y estricto, hijo adolescente "problemático" con algo que demostrar y por supuesto, un ambiente hostil y despiadado en el que los dos deberán unir sus fuerzas y confiar el uno en el otro si quieren salir vivos de allí.

Aquí os dejo el trailer de la película para que os hagáis una idea de lo que estoy hablando.


¿Un guión típico?... Sí... ¿Pero eficiente en planteamiento?... ¡Por supuesto!...

Pero... ¿He mencionado que la película la dirige Shyamalan?... Es que eso cambia las cosas y de golpe y porrazo vamos a pasar de una historia palomitera, muy típica y simplona, pero efectiva (se nota que el señor Smith ha escrito el guión, porque la película se convierte en un vehículo para que su hijo se luzca en pantalla... Aunque no lo consiga) a otra historia bien distinta, que no es ni un blockbuster veraniego, ni una película de misterio, ni una de sentimientos, ni nada de nada...

Como mucho es un "camino" por el Kitai, protagonista indiscutible del film, consigue dominar sus miedos y temores... ¡¡Pero hasta eso está mal contado!!

M. Night Shyamalan sorprendió hace muchísimos años al público con su increíble El sexto sentido... Pero a partir de ese momento álgido en su carrera, el resto de sus films ha ido cayendo hacia abajo, en una pendiente no muy pronunciada, pero sí constante: El protegido era una tontería muy bien contada, Señales aguantaba el tipo, El bosque era una bobada...

Lo malo de las pendientes es que, según las desciendes, cada vez coges más velocidad.

¿Y qué ocurre cuando la carrera de un director que va cuesta abajo y sin frenos se tropieza con la de un actor en las que cada película cuenta como un nuevo éxito de taquilla?

Pues que gana el que tiene más velocidad... Y en este caso, Shyamalan consigue que la carrera ascendente de Will Smith se encuentre con su primer fracaso en taquilla, pegándose un batacazo en Estados Unidos (también ayudado por la proyección de otras películas mucho mejores, como El hombre de acero, o Monstruos University).

Y es que el film carece de cualquier tipo de tensión que nos mantenga pegados a la butaca del cine, aún cuando persiguen a Kitai por el bosque unos monos cabreados, o cuando está a punto de morir por la toxina de un "gusarapo" de río, o cuando un pajarraco grande como un avión, le persigue por los aires... No hay emoción.


Ni siquiera la música de James Newton Howard (autor de bandas sonoras tan interesantes como Batman The dark knight, Soy leyenda, Diamante de sangre, etc... y el único compositor que Shyamalan ha usado en sus películas desde El sexto sentido) aporta algo de tensión o interés a las escenas, que no sean el típico "firulí-firulá" para describirnos lo bonita y exhuberante que es la naturaleza salvaje de la Tierra, mil años después, o el típico "fruis-tachín" para enseñarnos alguna pose "molona" de Kitai.


Los efectos especiales también se quedan atrás para lo que supone una superproducción de este estilo... Es cierto que cumplen con su cometido, pero en bastantes ocasiones se les pilla en fuera de juego, dando como resultado unos planos que "cantan" a infografía realizada con poco gusto e interés.

Y si todo esto que acabo de soltar no os parece malo del todo, imagináos el interesante y prometedor conflicto padre-hijo que nos proponía la historia y en cómo deben unir sus fuerzas para salir vivos del planeta... Pues bien... ¡No existe!

Por un lado tenemos al comandante Cypher, inmóvil y con la piernas rotas, en una sección de la nave estrellada, mientras Kitai deambula decenas de kilómetros más alejado, por unos bosques llenos de "animalejos" con mala leche y buscando una baliza que, al activarla, marca la posición para que les vengan a rescatar... ¡¡No hay interrelación ni comunicación entre los dos actores del film!!

¡¡Lo único que podía dar un poco más de "vidilla" a la película, tirado por el retrete!!

Bueno... Miento... Los personajes sí que se comunican entre sí... Lo hacen a través de unos walkie-talkies del futuro en los que se puede ver trescientos sesenta grados y escuchar todo alrededor (o sea, que no son ni walkie, ni talkies, pero que son la "pera limonera"). Pero esa interrelación resulta tan fría y distante que prácticamente resulta inexistente y sin química (de esa que a la gente le gusta hablar tanto cuando se refieren al cine).

Y es que sólo se podría explicar esta relación tan artificial entre padre e hijo por un motivo (el que he apuntado anteriormente): Will Smith ha escrito una historia en la que se incluye a sí mismo como protagonista para atraer al público incondicional de sus anteriores trabajos (ya que él se limita durante todo el metraje a quedarse en un segundo plano, sin moverse y poniendo un par de "caritas" de serio), pero que en realidad es un vehículo exclusivo para el lucimiento de su hijo Jaden...

La pena es que el chaval no se luce... Will Smith tampoco... Y de Shyamalan mejor no hablo...

Aquí os dejo una foto de la premiere que tuvo lugar en Corea del Sur y que creo ejemplifica perfectamente lo que quiero decir: Padre en plan "showman", señalando y cediendo toda la importancia al hijo, mientras este último pone cara de estar más pensando en qué juego comprar para la consola, que de atender a los medios de información de la premiere (¡qué bien le quedan esas manos en los bolsillos, en plan estrella del celuloide!... "Sí, creo que me voy a comprar el The Last Of Usde la PS3").


En resumen, After Earth  es una película futurista de supervivencia, carente de alma y sin personalidad, con una factura técnica standard y un trabajo dirección e interpretación que se podría mejorar muchísimo.

¿Lo único bueno del film?... Dura poco (apenas cien minutos), así que en ese corto espacio de tiempo no hay lugar para pensar que te acabas de tragar una película muy mala y sales de la sala de proyección con la idea de haber visto una cosa "entretenidilla" y, por supuesto, perfectamente olvidable.

Además, me la vi el día del espectador, así que entre la mujer y yo nos gastamos sólo diez euros (por cierto, a ella tampoco le gustó).

Hasta otra.

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