Y ahí estaba Lual, en el bar de siempre, con la mano levantada.
―Virgil por favor... Eh... Si no te es molestia... ¿Me puedes atender ya?
―¡¡A ver, puto “julai”!! ¿No te acabo de decir hace media hora que esperes a que conteste los comentarios de mis dos fieles seguidores de Textos en la espumilla?... ¿No te lo he dicho?... ¿Eh? ¿Eh? ¿Eh?
―Eeemmm… Sí, Virgil... Me lo has dicho.
―¡¡Pues eso!!
La puerta del bar se abrió (con otro gran estruendo) para dar paso a Emde repartiendo sonrisas y buen humor a los dos únicos parroquianos del lugar (Lual y Virgil).
―¡A la paz de Dios, queridos hermanos! ¡Que nuestro señor derrame fanegas y arrobas de gloria sobre vosotros!
―¡Hombre! Ya por fín se han juntado las dos “locazas”... ¿Te pongo un café?
―Por supuesto, Virgil. Un café para mí y un helado de fresa para mi colega.
―Aupa, Emde ―Lual bajo la mano. ― Tengo buenas noticias ¿sabes?
― ¿Grandes noticias? ¡Cuenta colibrí, cuenta!
―Pues veras... Casi hemos dejado de recibir visitas rusas al blog.
―¡Mierda!... ¿Y eso son para ti buenas noticias?... ¡Lo sabia!... Te dije que teníamos que hacer algún post sobre marcas de Vodka o muñecas Matryoska… ¿Cómo hemos podido dejar de lado a nuestro público más fiel?
―Emde...
―¿Cuándo perdimos el norte, Lual?
―Eeehhh...
―¿Cuándo renunciamos a los buenos contenidos que nos hicieron referencia en la red?
―Estooo...
―¿Cuándo perdimos nuestra autonomía y nos dejamos seducir por el vil metal?
―¡¡Coño, Emde!!... ¡¡Que los rusos eran piratas!!
―¿Los rusos?
―¡¡Siiiiiiii!!...Te lo he dicho más de mil veces.
―Piratas informáticos ¿no?
―Sí.
―Piratas informáticos rusos ¿no?
―Sí.
―Perooo… Aunque los rusos sean piratas, vienen de Rusia ¿no?
―Sí.
―¡¡Pues hemos perdido al público ruso! ―Emde se derrumbó sobre la barra del bar y empezó a gimotear como una mujerzuela de Arkansas.
―¡Oye, “julai”!... ¡¡A llorar a tu puta casa y de paso te llevas al mariquita de tu amigo!!... ¡¡Ahí tenéis vuestros jodidos cafés!!... ¡¡Y tomároslo rapidito!!
―Gracias, Virgil... Pero yo quería helado...
―Virgil por favor... Eh... Si no te es molestia... ¿Me puedes atender ya?
―¡¡A ver, puto “julai”!! ¿No te acabo de decir hace media hora que esperes a que conteste los comentarios de mis dos fieles seguidores de Textos en la espumilla?... ¿No te lo he dicho?... ¿Eh? ¿Eh? ¿Eh?
―Eeemmm… Sí, Virgil... Me lo has dicho.
―¡¡Pues eso!!
La puerta del bar se abrió (con otro gran estruendo) para dar paso a Emde repartiendo sonrisas y buen humor a los dos únicos parroquianos del lugar (Lual y Virgil).
―¡A la paz de Dios, queridos hermanos! ¡Que nuestro señor derrame fanegas y arrobas de gloria sobre vosotros!
―¡Hombre! Ya por fín se han juntado las dos “locazas”... ¿Te pongo un café?
―Por supuesto, Virgil. Un café para mí y un helado de fresa para mi colega.
―Aupa, Emde ―Lual bajo la mano. ― Tengo buenas noticias ¿sabes?
― ¿Grandes noticias? ¡Cuenta colibrí, cuenta!
―Pues veras... Casi hemos dejado de recibir visitas rusas al blog.
―¡Mierda!... ¿Y eso son para ti buenas noticias?... ¡Lo sabia!... Te dije que teníamos que hacer algún post sobre marcas de Vodka o muñecas Matryoska… ¿Cómo hemos podido dejar de lado a nuestro público más fiel?
―Emde...
―¿Cuándo perdimos el norte, Lual?
―Eeehhh...
―¿Cuándo renunciamos a los buenos contenidos que nos hicieron referencia en la red?
―Estooo...
―¿Cuándo perdimos nuestra autonomía y nos dejamos seducir por el vil metal?
―¡¡Coño, Emde!!... ¡¡Que los rusos eran piratas!!
―¿Los rusos?
―¡¡Siiiiiiii!!...Te lo he dicho más de mil veces.
―Piratas informáticos ¿no?
―Sí.
―Piratas informáticos rusos ¿no?
―Sí.
―Perooo… Aunque los rusos sean piratas, vienen de Rusia ¿no?
―Sí.
―¡¡Pues hemos perdido al público ruso! ―Emde se derrumbó sobre la barra del bar y empezó a gimotear como una mujerzuela de Arkansas.
―¡Oye, “julai”!... ¡¡A llorar a tu puta casa y de paso te llevas al mariquita de tu amigo!!... ¡¡Ahí tenéis vuestros jodidos cafés!!... ¡¡Y tomároslo rapidito!!
―Gracias, Virgil... Pero yo quería helado...


















