SUPERGOD: Cuando los superhumanos dominaron la Tierra

Imaginaos por un momento paseando por el campo y observando las montañas al fondo y el paisaje que os rodea. Disfrutáis con lo que veis y continuáis andando sin preocuparos por nada, pues nada ni nadie os puede hacer daño.

De repente, os detenéis en mitad del camino y os ponéis a orinar en la cuneta. Unos segundos después bajáis la vista y vuestros ojos se clavan en un  pequeño revuelo que se acaba de crear en el suelo: Habéis orinado encima de un hormiguero.

Aplastáis y destrozáis el lugar con los pies por si a alguna hormiga se le ocurre acercarse a menos de diez centímetros de vuestras zapatillas de monte y seguís vuestro camino sin pararos un segundo sobre lo que acaba de ocurrir.

Pues esta es la idea principal que nos propone Supergod, un cómic publicado en Estados Unidos por Avatar Press (en España por Ediciones Glénat) y escrito por Warren Ellis y dibujado por Garrie Gastonny.


Volvamos al tema del hormiguero... Acabamos de destrozar sin gastar ni el más leve suspiro una "ciudad" llena de hormigas. Y no ha bastado con que nos hallamos meado... No, después hemos pisoteado el sitio porque sí, sin importarnos la vida de los milones de hymenópteros que vivían allí.

Y ahí reside la clave de todo el asunto: La importancia.

El ser humano vive en un escalón tan diferente y tan por encima del de las hormigas, que no le importa lo que le pueda pasar a los millones de minúsculas criaturas que pueblan cualquiera de esas complejas estructuras excavadas bajo tierra, llamadas hormigueros.

Pues así es Supergod, el cómic surgido de la siempre creativa mente del guionista inglés Warren Ellis (autor de otras genialidades como Global Frequency, Planetary, The Authority, Transmetropolitan, etc...).

En esta historia, el ser humano inicia a finales de los años cuarenta una carrera armamentística (gracias a las mutaciones observadas tras los efectos de la radioactividad en las personas) basada en la creación de un superhumano de poder más devastador que el de cualquier arma de destrucción masiva y con la idea de poder controlar siempre a ese superhumano, que actuaría bajo la supervisión del ejército.

Estúpido.


Sobre el papel, esta idea resultaba maravillosa pero cuando los gobiernos se encontraron con la cruda realidad de su creación, ya resultó imposible dar marcha atrás... Y todo porque hubo una cosa que cualquier científico no tuvo en cuenta: El superhumano ha dejado atrás su condición de humano, así que ya no piensa como uno de estos.

Así que al final nada sale como se tenía previsto.

En la mente de Warren Ellis se originan una serie de personajes atípicos y muy interesantes, tanto por su comportamiento como por sus acciones.

Por una parte tenemos a Morrigan Lugus, el primer superhumano. Fue creado por los ingleses en el año 1955, mandando al espacio a tres astronautas en el más absoluto de los secretos y sin informar a los tripulantes que su nave carecía de cualquier tipo de protección contra las radiaciones espaciales, dejando de este modo expuestos a los cosmonautas ante cualquier agente del exterior.

Tres semanas después, al aterrizar el cohete en la playa de Norfolk, los cuerpos de los tres astronautas se habían fusionado en un único ente, mezclándose los tejidos con algún tipo de masa micológica alienígena, dotando al conjunto de una inteligencia trascendental más allá de la humana.

Su forma de comunicarse con los científicos que lo encerraron en un laboratorio secreto era a través del sonido estándar, usando ondas de radio, o lanzando esporas de hongos fosforescentes con código digital en su interior... La respuesta del grupo de científicos fue la de adorarle y rezarle como si se tratara de un dios, masturbándose compulsivamente delante de la deidad, como si estuvieran en trance (incluso uno de ellos lo hizo con tanta fuerza, que se arrancó de cuajo el miembro, creciendo casi al instante miles de hongos en el pene amputado).

El proyecto que la India abordó para la creación de superhumanos se llamó Krishna: Una inteligencia artificial en un cuerpo humano clonado e infectado con bacterias que excretaban metal, conttroladas por una red de inteligencia artificial, para así poder hacer crecer dentro del cuerpo sus propios circuitos y mejorarlos.

La misión de Krishna era sencilla: Hacer de la India un lugar mejor y protegerlo de sus enemigos. Para lograrlo, los científicos implantaron en el cuerpo del superhumano una programación que generaba un deseo ferviente e ineludible de cumplir este propósito.



Pero los científicos no tuvieron en cuenta una cosa: Krishna era en esencia un robot, aunque tuviera cuerpo y aspecto humano y como toda máquina, tomó la decisión más lógica y que maximizaba las posibilidades de éxito... El primer paso para proteger a la India pasaba por aliviar al país de su superpoblación y por librarse de las viejas infraestructuras.

Krishna destruyó el noventa por ciento de los edificios y aniquiló al noventa y cinco por ciento de la población del país.

Irán por su parte, también trabajaba en otro proyecto secreto en el que intentaban construir un auténtico ángel celestial, al que bautizaron Malak Al-Maut, cuya naturaleza no tuviese libre albedrío y por lo tanto estuviese conectado directamente con la mente de Dios.

No hace falta decir que todo salió al revés y Malak se convirtió en un ser destructivo sin aprecio hacia el mundo exterior, cuyo cuerpo se transformó en el conductor de un poder antinatural desconocido. Los científicos que trabajaron en el proyecto perdieron cualquier tipo de fé y cayeron en el ateismo, la desesperación y el suicidio.


Y como no me quiero enrollar más de la cuenta, no os hablo del superhumano norteamericano, con el poder más destructivo de todos y al que le hacían creer que estaba muerto y que vivía en el cielo para que no destruyese el país; o el superhumano chino, un recluso al que extirparon los ojos, sustituyéndoselos por unos minúsculos cables conectados a su córtex visual y al que forzaron a meditar sobre su propia estructura atómica; o los dos superhumanos rusos; o...

No continúo más porque no quiero destriparos un cómic que destila originalidad e inteligencia por cada una de sus páginas.

Si podéis haceros con un ejemplar (ahora lo venden en un pack, junto al cómic de Wolfskin), no dudéis en hacerlo porque, aunque no sea una obra maestra, la enorme inventiva de Warren Ellis al abordar el tema de los superhéroes seguro que os va a sorprender y a divertir de un modo alucinante.

Al menos a mí me ha divertido.


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